Suenan las campanas, ahora con más fuerza, suenan al saber que el mundo que hoy vivimos es cada vez más seco, frío y vacío.
¿por qué replican con tanto alboroto? ¿por qué no se cansan de sonar una y otra vez? Será porque los hombres tinen tanta fe de de nada, o poca fe en todo.
Enfermamos por nuestros oídos que no se atreven a atender un grito, un llanto, un clamor de amor para los demás.
Ignorantes por nuestras necedades, por querer cerrar los ojos y no mirar a Jesús del viernes santo y solo conformarnos con aquel del domingo.
Desorientados, por querer acomodar nuestros deseos a los de Dios, y así sentir que hacemos las cosas bajo su aprobación, cuando lo que se esconde es nuestra cobardía enmascarada de prudencia.
Enfermos, ignorantes y desorientados, y al final sabemos que nada y todo, sin Dios vale mas ser hambriento de El que lleno de nada.
Campanas, no dejen de sonar, anuncien la esperanza y la verdad de lo que somos y de lo que seremos…allá será la alegría y el amor eterno.

